Viaje al centro de la tierra

“It is far better for a man to go wrong in freedon than to go right in chains” Thomas H. Huxley

Es asombroso que entre tanta luz que nos rodea, entre tanta naturaleza que nos alumbra y muchas veces dislumbra, existen también a nuestro alrededor “burbujas” de negro, lapsos densos y profundos de oscuro nunca visitados por el grado mas ínfimo de luz.

Tal y como yo lo veo, visitar una de estas “burbujas” y poder literalmente nadar en su oscuridad por unas horas puede ser, irónicamente, un viaje a la luz, a la luz mas interior, a su estado puro, a ese punto de fusión en el que la no-luz ilumina por dentro, enseña y te hace ver hacia el interior de esa forma que, aunque siempre esta ahí, nunca le prestamos atención.

La gruta de San Jerónimo, a pocos kms de la desertica ciudad de Taxco, Estado de Morelos, es una de las 3 galerias subterráneas que forman el sistema de grutas de Cacahuamilpa. San Jerónimo es una brecha bajo tierra de unos 8 kms de longitud que atraviesa una parte del vientre de la sierra. El autor y actual “escolta” de esta gruta es el río San Jerónimo, que marca el camino de principio a fin y es el punto de fusión que celebran omnipresentes el fuego, agua, tierra y aire.

El agua que se hace río procede del volcán extinguido llamado “Nevado de Toluca”, no muy lejos de allí y que en esta época del año todavía destila sus nieves en diferentes cuencas acuíferas de la comarca, siendo ésta una de las principales. En la gruta de San Jerónimo, es el río es el que marca la pauta, el que guía y es vehículo, el que da vida y fragua la negra luz a través de lo oscuro.

Para quienes lo hagan, este viaje empieza al borde de una carretera secundaria (como casi todo lo bueno), en un camino sinuoso y de larga bajada que desemboca, unos 3 kms después, en las orillas del río Pauco. Ese breve trecho de bajada, es ya una muestra de la transformación a la que uno esta a punto de exponerse en las siguientes 5-6 hrs. Durante esa caminata previa, las sensaciones, entre ellas la térmica y de humedad, empiezan a jugar su papel. En poco tiempo, uno pasa de lo seco a un grado paulatino de humedad. De la luz completa a una sombra que por momento es penumbra vegetal. Los sentidos se ecualizan, sabedores de que es importante prepararse para un pequeño pero intenso viaje a lo ignoto.

Dado que desde el inicio del paseo ya llevábamos el neopreno calzado hasta la cintura, una vez en el río, ponerse a remojar por unos segundos es un auténtico placer.

En el grupo de diez que formábamos la excursión, guiados por el buen aventurero argentino Facundo, amigo de Coara, nos repartimos el poco peso que llevábamos esparzido en 4 mochilas, con agua y comida, un buen botiquín “por que no vaya a ser”, luces frontales con sus respectivas pilas de fortuna y dos cuerdas de escala.

Los primeros trechos del río los hicimos flotando, dejándonos llevar por su corriente. La vegetación, propia de un oasis en medio de una cordillera seca, tupía las paredes del río, mismas que se elevan sinuosas al cielo a medida que “navegbamos” hacia la puerta de San Jerónimo. De una forma fácil de entender,  las paredes se abrazan en la altura y forman así las primeras bóvedas que delinean la enorme puerta de entrada a la gruta. Todo el grupo, los 10, flotamos suavemente impulsados por la corriente. Casco con su luz frontal, neopreno con su obligado chaleco salvavidas y zapatillas de treking, no damos crédito del intenso paisaje que nos rodea. Las primeras sensaciones se asocian a estar sedado, de una forma muy sutil pero que me hace olvidar que venimos de la monstruosa urbe de lo artificial y mecánico, de lo absurdo. Aquí todo eso no puede tener sentido.

En el umbral de la gruta, la cuenca del río se amplia levemente y nos permite salir del agua. Guiados por Facundo, hacemos grupo y asimilamos las pocas pero claves instrucciones del que a partir de ahora sera nuestro guía en la oscuridad. “Yo lidero el camino. Nadie me adelanta. Juanin, mi hermano, sera el ultimo. Nadie ira detrás de el. Nos vamos a divertir mucho pero cuando yo de una instrucción esta se cumple a rajatabla. Nada de interpretaciones, nada de alternativas. Vamos a hacer pocas paradas para no romper el ritmo. A partir de las tres hrs el factor mental entrara en juego. Ahí hay que estar tranquilos. Esta gruta no tiene perdida, así que tranquilos todos. Ah, nada de llevarse las manos a la boca, ya sabéis que el popo de murciélagos es altamente tóxico. Ahora encendamos los frontales. Aquí empieza el verdadero viaje. Buena ruta”.

La tranquilidad inicial que transmite las instrucciones de Facundo se mezcla con el incipiente olor a humedad y con los retazos de luz y sombra que se pierden pocos metros mas adelante. Los altos techos de la cueva se desdibujan alla arriba como para percibir el detalle, pero los excrementos de murcielago en las paredes y suelo señalan la entrada a un territorio muy ajeno al habitual.

Las primeras secciones son amplias y mas o menos llanas. Los cantos rodados e incluso arena negra se van convirtiendo en piedras de buen tamaño que empezamos a sortear con manos y piernas. En este punto al costado de un río poco profundo y suave. El olor a humedad cerrada se intensifica mientras la escasa luz que hasta ahí se filtraba se diluye por completo, o quizá se transforma radicalmente en otra forma de mas difícil comprensión.
Avanzamos en fila india. En ese momento soy el  segundo en el grupo y cuando hecho el primer vistazo hacia atrás descubro que dejamos de ser figuras humanas, formas marcadas, para convertirnos un punto de luz artificial que se ajetrea al compás de la silueta del terreno. La presencia del río es absoluta. Es como si el agua se transformará en los demás elementos. El agua es aire, tierra y fuego.

Aunque la temperatura baja fuertemente en tan breve lapso, el guante corporal de neopreno es sin duda la mejor protección a la hipotermia. No quiero pensar lo que debe suponer enfrentarse a esta prueba sin una protección así. El treking es demandante y obliga a usar todas las herramientas posibles de la concentración y cuerpo para no acabar en el suelo. Los guantes echan una mano fabulosa. Pasamos a unas secciones combinadas, en donde el terreno es mas o menos llano y se puede caminar, a zonas donde derrepente nos topamos con enormes rocas que obstruyen el camino. Las dimensiones de la gruta oscilan y pasamos por áreas en donde cabría un campo de fútbol.

Por momentos nos agrupamos para escuchar indicaciones de Facundo. Son zonas mas o menos técnicas en las que hay que pasar con cuidado y de una forma particular; manos aquí, pies alla, luego te agarras de esta forma y saltas hacia allí.
La fisonomía es siempre cambiante y nos obliga a adaptarnos a ella. No somos de allí y somos conscientes. La gruta te lo marca indefinidamente. No pertenecemos a ese micro cosmos y el salvoconducto de visita tiene una cuenta atrás integrada, y es muy corta.

La parte mas emocionante son los saltos de cierta altura que nos vemos obligados a hacer desde roca al agua. No hay forma posible de saber la profundidad que tiene el agua, no con las herramientas que llevamos, así que siempre es alguien, Facundo, quien se las ingenia para llegar al agua y marcar el punto exacto donde debemos amerizar. No es tanta la altura, a lo mucho dos metros, pero dos metros flanqueados por la oscuridad absoluta, a tres kms del umbral del inicio y cinco de la lejana salida a la luz, todo regado por humedad y frío y un terreno tan técnico como para activar el mas complejo equipo de rescate, improbable por otro lado.

Que pasa si me hago un esguince? Y si me fracturo una pierna? Y a los demás? Que pasaría si no es a mi y es a uno de los compañeros, o a una de las dos chicas que son parte del grupo? O si nos fallan los frontales? El factor mental…se referiria a esto Facundo?

A las tres horas aprox paramos a comer. Aprovechamos el buen espacio que nos ofrece una de las mini playas, en un remanso del río, para descargar mochilas, abrir las latas metálicas y bolsas “secas” para hincar el diente a sandwiches y barras energéticas que entran con una facilidad pasmosa. Fuera son alrededor de las 11 de la mañana. Dentro da igual. La sensación de paso del tiempo se diluyó con la luz natural. Aquí dentro son otros valores los que rigen este espacio tan olvidado, tan dramático y poderoso a la vez. Aquí dentro es el río, el que simplemente pasa, pasa, pasa. Punto.

El descanso y avituallamiento es un momento agradable. Rompe el gran ritmo que hasta ese momento llevamos pero nos da trinchera para el brote incipiente de cansancio y sacia el apetito a base de glucosa y proteína. Sentados en circulo y a la vera del omnipresente río, charlamos y bromeamos, compartiendo la “visión” personal hasta ahora vivida. Todos estamos fascinados. Para mi es un poderoso encanto envuelto en cautela, quizá ésta gestada en el respeto a lo desconocido, sobre todo el respeto humilde y tan necesario que demandan esos pequeños mundos, como este micro sistema que no nos pertenece, sino todo lo contrario, ellos son dueños de todo lo que irrumpe en sus espacios.

Al terminar de comer, sin perder demasiado tiempo, Facundo nos insta a recoger campamento y retomar ritmo de caminata. Pero antes nos pide hacer un pequeño ejercicio. Nos abrazamos en circulo y apagamos la luz de los frontales, única y absoluta fuente de iluminación. Guardamos silencio un minuto, concentrados en los sentidos, en las poderosas sensaciones que una tremenda oscuridad pone de manifiesto. Aunque Facundo no lo dijo, ese fugaz momento caló en mi como la simbiosis mágica y dramática entre el profundo SER que conforma la gruta y el frágil visitante que ESTA, que peregrina  por sus entrañas, en una de esas pequeñas, casi ridículas pero intensas exploraciones hacia lo ignoto. Ese desconocido mundo pero irónicamente tan cercano. Fue en ese momento cuando fui consciente que no solo yo estaba en la gruta, sino que la gruta estaba en mi. En el generoso sentido de la palabra, este viaje era una forma FANTASTICA de explorar hacia dentro y conocerme mejor, un poquito mas. O quizá de recordar, como seres humanos, lo que ya sabemos pero que no vemos, por que confundimos “ver” con “observar”, “luz” con “iluminar” y “estar” con “sentir”.

Cuantas veces estamos sin estar plenamente? Algo incluso mucho mas sencillo y cotidiano, cuantas veces vemos al que nos habla sin mirarle a los ojos? Somos conscientes de cuanto cambia la energía cuando sintonizamos con ella y, simplemente, nos dejamos fluir?.

Los últimos kms pasaron mas rápido de lo esperado y antes de darnos cuenta, una endeble pero evidente sensación de claroscuro había penetrado entre las enormes arrugas de la gruta, marcando sus formas en un territorio de nadie y de ambos a la vez. Estábamos en la zona de transición, en el aliento final de la gruta que en forma de brisa suave y templada, hacía su perfecta metamorfosis para dejar que la claridad entrara hasta lo posible, hasta lo respetable. Mas alla de ese punto la misma luz sabe que empieza otro reinado, otro pequeño universo vedado a lo “fácil” pero donde la negra luz que llevamos dentro cobra mas fuerza.

Buena ruta!

4 comments so far

  1. xandetraba on

    Viajé contigo momentaneamente a la gruta de san Jerónimo, que me trajo además a la memoria la imagen del Santo heremita proclive a introducirse en cavernas y grutas en busqueda de su viaje interior.Deben ser fascinantes las sensaciones de dicho viaje que vien describes.Sobre todo deben impresionar los silencios y nocturnidad en un mundo tan ruidoso y tan artifialmente iluminado.

  2. Monsiso on

    Maestre Xan de Traba, dices bien. Es fascinante. No quiero pensar lo que tuvo que haber sido en tiempo de San Jerónimo. Debía ser blaco de piel como un cirio. Todo lo que sea viajar interiormente es siempre fascinante, y muchas retante también. Seguimos en contacto.

  3. Andrea on

    Wow!!! todo un viaje al interior… qué buena experiencia, quiero ir!

  4. juansiso on

    debería ser necesario, asignatura obligatoria para casi todos, el poder viajar de vez en cuando al interior de la tierra, a nuestro propio interior, a mitad del océano o a lo profundo de la selva y desconectar del mundo. Valdría mas que muchas terapias o tan si quiera muchas discusiones…
    por un momento recordé aquellas tardes de verano en la que siendo niño te evades a tu lugar secreto, anárquico e intemporal, que solo tú sabes donde está, o como mucho compartes con unos amigos, aquellas cabañas que hacíamos de niños, aquellos refugíos que hoy a veces no encontramos…
    buena aventura meu, buena aventura


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