La maravillosa perspectiva de sin el todo

Hay algo espléndido en ver sólo desde una cierta perspectiva sin buscar el todo, el perfecto, el finito. Quizá por qué esto último es infinito. A veces, muchas, es mejor quedarse con poco y dejar que nuestra energía e imaginación trabajen sobre lo demás.

Bahia de Carrizalillo

Bahía de Carrizalillo

Domingo, a eso de las 5 de la tarde. Pequeña bahía de Carrisalillo – inmediatamente al norte de la potente bahía de Zicatela, Puerto Escondido.

Llueve sin viento y la lluvia no moja más de lo que moja la fuerte humedad que transpira la bahía.
Estoy flotando sobre la tabla, cerca de las rocas de la punta sur de la bahía. Yo y otros 20 aprox. Llueve fuerte.
Miro el mar, que se hace notar, que se hace sentir a todo lo que da, que nos manda esa potente onda de energía en forma de olas. El mar, un animal suelto que quiere montar y cabalgar las rocas que rodean la bahía de Carrisalillo. “Kabummm”, se oye en pauta, agresivo, a lo lejos, con ritmo, con movimiento. Si uno pone atención y escucha, es fácil imaginarse un lenguaje con el que mantienen un diálogo intenso y privado la costa y este mar tan inquieto.
Y de repente se abre un silencio rotundo y exclusivo para los que, sobre la piel del mar esperamos otra ola. Un silencio respetuoso y obvio, en el que sobran las palabras. Todas menos una. El inevitable “VOOOOY!” frenético, gritado cada vez que una de las olas se avalancha en crecimiento, para entregarnos su barriga, sus entrañas y su energía, para regalarnos otra breve muestra de felicidad contenida, de química benéfica: de agua y adrenalina, de sal y “emoción”, de arena y energía
Al fondo la playa, a unos 500 metros, disminuida por la perspectiva de la distancia, el mar y la lluvia. Los acantilados, que la abrazan y la protegen, radian verde y olor a tierra intenso. Ese verde, que tiene un matriz contrasta con el cielo serio y gris, rasante, que escupe agua con más y más fuerza.
Me quedo así. Sentado sobre la tabla. Pensando sin pensar. Viendo hacia el norte, hacia donde el sol se deja caer, dejando matices y sombras que sólo inducen a pensar en el sentido magistral que tiene todo. “Para que estamos aquí, Nuria, dime, para qué?”. Emoción.
En ese silencio, en esa pauta marcada por el goteo de la lluvia, por el compás del “kabum” y el rumiar de una ola más que se acerca y que otros se la pelean bajo el pulcro código del deporte, veo un pato que volando raso, descarado, se acerca desde la distancia para pasar fulminante entre el grupo que flotamos. Es uno de esos patos pequeños, de pico corto, que roza la superficie del mar mientras marca una estela fugaz a su paso. Me mira, el pato me mira de reojo al pasar y sigue su vuelo hacia el fondo sur. Lo pierdo en la distancia, se confunde con las rocas y el mar. Me río, me río solo y dos de los surfers que están cerca me miran de reojo.

Se acerca Carlos:
“Tío! Como está de bueno el día eh! Has pillado alguna?”
“Varias. Maravilloso. No doy abasto! Me quedo pensando sin decirle: “¿No sientes como si todo estuviera unido, cómo si hoy todo fuera una sola unidad, un solo cuerpo, como si incluso nosotros fuéramos parte de ello?”
“Mira! Viene un set! Dale, vamos hacia arriba”

Se va remando sobre la tabla. Me quedo por que sé que ese sentir pronto se transformará en otra sensación, por que sé que este momento especial no se repite fácilmente y lo prefiero por encima de lo demás.
De repente me doy cuenta que es un buen momento para pensar en alguien y sentir algo distinto. Lo pienso.

Nota:
Mallory fue el primer escalador que intentó hacer cumbre del Everest en 3 ocasiones (1921, 1922 y 1924). En las tres fracasó. En su último intento desapareció en el infinito cuerpo de la montaña y nunca más se supo de él ni de su compañero, Irnive. Sólo quedaba la duda si hicieron cumbre y, por lo tanto, si fueron los primeros seres humanos en poner un pié en la cima más alta del mundo. Hoy sólo queda debate y polémica al respecto.
En 1999, una expedición encontró su cuerpo a 500 metros de la cima. Tenía una pierna fracturada por 3 partes. En sus restos, muy bien conservados por el frío, tampoco se encontraron evidencias sobre si había hecho cumbre.
Mallory, británico de alta alcurnia y quien se movía a “gran altura” en la sociedad inglesa, hacía montañismo en contra de la tendencia ideológica del momento. En esa época, la aventura y la búsqueda de nuevas fronteras no tenían sentido, o por lo menos no lo tenían como para perder la vida en ello. Mallory era fuertemente criticado y poco o nada entendido en la sociedad.
Cuando en una entrevista de prensa días antes de su última expedición, le preguntaron por que tenía tanto empeño en escalar el Everest, respondió “¡Por que está ahí!”

No comments yet

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: