El coaching y el padre “que lo parió”

En el ambicioso y, ya por defecto, globalizado mundo de los negocios, en donde conviven variedad infinita de especies, individuos y caracteres, personalidades y estilos de liderazgo, emprendedores y directivos, “advisors”, consultores, auditores, todos voraces por lograr más y mejor en un serio y complejo tablero de juego, con reglas pautadas en unas ocasiones por los grandes corporativos (reglas no siempre claras y muchas veces esquizofrénicas) y en otras ocasiones por formas de cultura empresarial más “a la entrepeneur”, a la familiar o, a la ahora tan de moda, estilo boutique; en ese ambicioso mundo, sabido es que existe una creciente preocupación por el desarrollo y retención de talento.

Si para los anunciantes supone más rentable y estratégico a largo plazo mantener un actual consumidor de sus productos que captar un nuevo adepto, lo mismo aplica a la hora de gestionar talento y capital humano. Para ello, una de las herramientas o estrategias más comunes es la de dar un valor agregado al identificado “top talent”. Es común que este valor generado se materialice en cursos de liderazgo, entrenamientos sobre management o workshops sobre los múltiples temas que presentan siempre de fondo el tema de “crecimiento”. Dentro de este contexto y en esta era de, como la definió el gran V. Verdú, “capitalismo de ficción”, uno de los últimos condimentos que más sabor le da a esta variada ensalada es el llamado “coaching”.

Definiciones sobre qué es el coaching hay como para exportar, como suele ser el caso, pero una que llamó mi atención fue la siguiente:

“El coaching es el “acompañamiento de persona o grupo en su ciclo de expansión de conciencia y liberación de talento (LUZ) para crear valor y distribuir riqueza”.

Como dirían aquí a uso coloquial y burdo, “bien chingón” el concepto.

Ayer asistí, invitado por un gran amigo y colega de la empresa en la que trabajo, la famosísima Riau Corporation, a un seminario sobre la materia, seminario organizado por la Academia Interamericana de Coaching, academia con base en México y dignamente acreditada por la World Wide Association of Business Coaches. Todo muy sexy.

Esta fue la segunda ocasión en la que asisto a una evento de este tipo en un lapso de un mes. Ambos seminarios fueron organizados por la misma entidad, dentro del programa de Certificación Internacional en Coaching, programa al que está inscrito Teo, mi colega, que es además director de recursos humanos para Latino América en Riau Corporation, y claro, este tipo de entrenamiento le entusiasman.

Lo que realmente captó mi ya fatigada atención dada el avance de la semana, fue la presentación de Marshall Goldsmith (http://www.marshallgoldsmithlibrary.com/), joyita de la corona en el repertorio de ponentes allende donde se hable de este tipo de disciplinas. El famoso y veterano Goldsmith ha escrito más de 20 libros sobre el arte del coaching, practica el budismo como filosofía de vida y es alabado y avalado por buen número de los más renombrados líderes de las grandes empresas en el mundo, especialmente en el mundo anglosajón. Yo me había dejado convencer por el entusiasmo de Teo y no me había tomado la molestia de curiosear en la agenda del seminario, con lo cual no tenía idea alguno de quien eran los ponentes.

Nada más entrar en el salón en donde se llevaría a cabo la sesión, en el Piso 51 de un conocido edificio de la ciudad, un señor de avanzada edad, delgado pero con apariencia jovial, cabellera escasa y absolutamente monopolizada por el blanco de sus canas, se acercó a saludar espetándome un “Hello. Welcome. My name is Marshall Goldsmith. It´s a pleasure to have you here. How are you?”. A lo que por supuesto respondí, ignorante de con quién estaba hablando:

– Hi! My name is Suso Noia and I am doing great

El hombre me dio la mano con una amplia sonrisa, acompaña de una calidez facilmente perceptible. Franca energía, diría yo.

Estábamos rematando el protocolo inicial cuando noté que mi colega vio, por el rabillo del ojo, a quien estaba saludando, para ese momento darme cuenta como se apuró en finiquitar su conversación para espontáneamente irrumpir entre nosotros y lanzar un efusivo saludo, a la vez que extendía su mano diciendo algo así como:

– “Mr. Goldsmith, que momento! Es un honor conocerlo en persona. Me he leído buena parte de sus libros y no tiene una idea de cómo me han ayudado”.

Joder! Abrí los ojos como platos y asentí con la cabeza mientras traté de escudriñar alguna sencilla conclusión en el repentino barullo mental que sacudió mi cabeza.

No sé que pudo haber dicho, probablemente nada destacable, pero enseguida estaba enzarzado en una conversación de lo más trivial y amena sobre ya no recuerdo qué.

Rato después y ya por fin con las posaderas bien apalancadas en una de las sillas de alguna de las múltiples mesas que saturaban en salón, inició el seminario con una primera parte un tanto aburrida pero que fue sin duda compensada por la fresca, original y atractiva presentación de Marshall Goldsmith.

Durante las más de dos horas que Marshall presentó no perdí ápice de lo que dijo. Cosa rara en mi a esos niveles de cansancio. Al parecer, según mi buen amigo Teo, su presentación fue algo así como un popurrí de lo más esencial de su filosofía coaching, pero con gran enfoque en uno de sus más recientes y exitosos libros: “What got you here won´t get you there”, libro que por cierto me regaló Teo semanas antes pidiéndome que por favor lo leyera ya que se trababa de una pieza única. Tengo pendiente saldar tal encargo a la fecha de hoy.

Al margen de que pienso vale mucho la pena ver a Mr. Marshall en persona repartir eufóricamente su labrada experiencia, estos son algunos de los puntos que pienso yo vale la pena recordar:

Hábitos que debemos dejar a un lado o cosas que no debemos hacer por que no llevan a nada:

 

  • Ganar… demasiado. Vivimos en una sociedad en la que ganar, en el amplio sentido de la palabra, suele dominar nuestra forma de pensamiento. Los líderes empresariales y directivos de los grandes corporativos viven inmersos en la competición. No es necesario siempre ganar para tener éxito. El 75% de los clientes a los que Marshall da coaching, son líderes que fallan, que cometen errores y que aún así suelen ser “exitosos”
  • Añadir demasiado valor. “Es demasiado difícil para gente inteligente no añadir valor de forma constante”. Marshall piensa que las personas líderes constantemente tienden a querer mostrar al mundo que tan listas son. No hay conversación en la que no puedan dejar de añadir valor. NO siempre es necesario decir algo para mostrar a los demás que somos listos. Esto me recuerda una frase épica de Sir Winston Churchill que decía algo así como: “El problema de nuestra época consiste en que sus hombres no quieren ser útiles sino importantes”
  • Decir al mundo lo listo que realmente soy…a cada rato; yo, siempre, yo por encima de los demás. Quedémonos callados y escuchemos más sin necesidad de saturar el silencio.
  • Juzgar demasiado a los demás: Ayudar más y juzgar menos

 

En otro momento de su siempre dinámica presentación, comentó el resultado de una particular encuesta que un amigo suyo se dedicó a hacer durante varios años a cientos de personas que se encontraban en su fase terminal de vida. La encuesta se basaba en una única pregunta: ¿Qué tres consejos le darías a las personas que quieres?. El resumen de las respuestas más frecuentes fue este:

 

  1. Se feliz AHORA
  2. Haz lo que consideres que es lo CORRECTO
  3. Ayuda a las personas que lo necesiten

 

Creo que es una buena experiencia ver a Marshall en persona repartir con entusiasmo sus sabios consejos. Él dice que reparte todo lo posible ahora mientras está vivo, por que le encanta compartir y eso es algo que cuando se muera asume que dejará de hacer. Al final de su presentación aprovechó para promocionar su biblioteca virtual invitando a los comensales a visitarla y “bajarse” todo lo que quieran ya que “todo es gratis” insistió. Actitud que encaja perfectamente con su práctica budista. Ayer revisé su web site (www.marshallgoldsmithlibray.com) y es cierto, hay cierta cantidad de material gratuito, pero no sus libros, para los cuales anuncia su venta en amazon.com 

Quizá sea verdad, se puede ser budista y comulgar con dicho dogma, pero de algo hay que vivir…

“Life is good”

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